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viernes, 4 de octubre de 2013

Citas y charlas animadoras

Para las cuatro de la tarde los que brillaban por su ausencia en el estudio eran Paul y George, Ringo y John entre tantos e entretenían fumándose el ultimo cigarrillo que les quedaba sentados de tras de la batería, mientras Ringo luchaba por no quedarse dormido, John no podía evitar reír respecto a lo de anoche, anterior, era la primera vez que veía a Cynthia tan decidida a hacer algo con él, por ejemplo antes de ser famoso le había pedido que se casaran, pero el problema es que Cynthia aun no terminaba los estudios y no quería dejarlos inconclusos, después terminó la carrera y el problema fue que no quería dejar sola a su madre, John pensó seriamente en largarse con los chicos a Londres, lo único que los hacía retenerse en Liverpool es que no quería irse de ahí sin llevarse a Cynthia con él siendo su esposa; solo tuvo que esperar un poco mas; le dio resultado varios meses después de que Cynthia terminase con sus estudios, se les ocurrió hacerlo pero John no se protegió apropósito, el resultado de eso fue Julián entonces son hubo reparos Cynthia no estaría dispuesta a ser madre soltera y cuando John supo lo de Julián aceptó casarse con ella de mil maneras.
Ahora que se habían propuesto tener otro bebé estaba seguro que la responsabilidad seria por cuenta doble, sin embargo eso era una nueva fuente de inspiración para John. En medio de toda su felicidad en cuanto a su vida familiar solo una cosa lo tenía realmente preocupado, la situación para poder pisar suelo mexicano, cada que se acordaba de ese tema no podía evitar que le diesen fuertes dolores de cabeza, de algún modo Brian estaba contactándose con Olivia Uruchurtu la sobrina del jefe de gobierno mexicano para poder tener el permiso, pero por lo que se veía las cosas no saldrían del todo bien, según la chica su tio era de ideas viejas, no consentía los nuevos cambios que estaban teniendo los jóvenes ni tampoco las innovaciones en cuanto a la música aun así seguía dándoles alas, al parecer ella era la más determinada en convencer a su tío para dejarlos pisar suelo mexicano.
Cansado de tanto darle vueltas al asunto, John dejó escapar un suspiro soltándolo lentamente; Ringo solo volteó a verlo con desinterés.
-¿Y tu que tienes?-Preguntó solamente por educación. Pues con el sueño que se cargaba necesitaba que alguien le platicase algo.
-Me preocupa lo de México Ritchie.-John se talló la cara, al tiempo que apagaba el cigarrillo con el pie.- No puede ser que ir a ese país sea más difícil que pisar Estados Unidos. ¡Es increíble!
-Hay de personas a personas John.-A ringo se le habían dormido los pies, considero prudente levantarse y caminar.- Pero según Brian todo se va a arreglar.
-Eso espero Ringo.
La puerta se abrió dejándoles ver a unos Paul y George con las caras mas pálidas que si fuesen estatuas de mármol, al verlos John no pudo evitar reírse, Ringo solamente se quedo sentado en su batería mirándoles con una sonrisa burlona en los labios.
-¡Que noche la de aquel día no Paul!-Ironizó Lennon rompiendo a carcajadas después.
McCartney no dijo nada, le miró como quien quiere matar a alguien con la mirada, no funcionó John seguía riéndose a carcajada suelta con las manos puestas sobre el estomago, el cual ya le dolía debido al ejercicio que hacia al momento de reír. Enfundó su hofner comenzando a hacer unos ligeros acordes al tiempo que George y él practicaban con voz.
-Señor Harrison, tiene llamada por la línea cinco.
George dejó a lado los ensayos siguiendo a la joven secretaria de Brian una vez que hubo perdido de vista el estudio, aprovechó para tomar a  la chica y estamparle los labios robándole uno de aquellos tantos besos.
-Recuerda que me debes una noche.- Melody acariciaba su torso con el dedo índice; George seguía a lo suyo o sea los besos.-Te parece si te espero en mi apartamento a las nueve.
-Lo siento cariño, esta noche hay fiesta de nuevo, no podré ir hasta las doce y media ya sabes cómo me gusta que me esperes.
George se sentó en la orilla del escritorio cogiendo la bocina del telefono.
-¿Bueno?
-¿George?-George rodó los ojos solamente con reconocer a Celine, comprendía que le seria difícil quitarse a esa mujer de encima.-George te necesito.
-Ya te dije que solamente una vez Celine, no más.
-Estoy dispuesta a pagarte lo doble, lo triple si quieres pero por favor George, solo un par de noches más.
-¡¿Un par!?-George se carcajeó a modo sarcástico.-No Celine, estas confundiendo las cosas, soy un caballero de compañía no un amanta de planta ¿entiendes ese concepto verdad?
George solía molestarse con aquellas mujeres que solían tardar en comprender su modo de trabajar, desde que entró a aquella sociedad de ‘’dadores de placer’’ las reglas eran estrictamente básicas no más de una  sola noche con las mujeres y la otra no enamorarse de las clientas, eso ponía estúpidos a los caballeros impidiéndoles hacer un buen trabajo, a Geroge le tocaron unas mas hermosas que otras, pero jamás sentía parecido al amor, solamente atracción física; sobre todo sexual.
George respiro pesadamente, era obvio que de Celine se podría deshacer solo haciendo múltiples esfuerzos y eso quien sabe, la mujer estaba demostrando demasiado interés en él, no podía permitirse eso al menos si es que quería seguir con ese trabajo. Aunque viéndolo del  modo claro, no era un trabajo sino el producto de su diversión personal, su verdadero trabajo eran The Beatles.
Sin embargo si mal no escuchó Celine mencionó que estaba dispuesta a mencionar la cantidad pagada la última vez, fueron 16 mil euros, entonces si accedía una última vez a acostarse con ella, pagaría entonces 32…cantidad muy buena como para desaprovecharla,
-De acuerdo.- Celine sonrió desde el otro lado de la línea apretando fuertemente el cable del telefono.-Solo que campos libres, tengo solamente dos el sábado de ocho a diez de la noche.
-Como tú quieras amor, el lugar lo pondré yo, no quiero tener problemas con mi marido.
-Y sé pequeña. Entonces tú me marcarás el sábado a mi apartamento, ya te sabes el número.
-De acuerdo, hasta el sábado entonces.
George colgó colocando la bocina en su respectivo lugar, no sin antes pasarse al lado que ocupaba Melody, esta estaba ocupada mandando un par de faxes para Brian Epstein que de último momento tuvo que viajar de improviso a España, donde estaba concretándole a los chicos una segunda visita. Melody sintió las manos de George posarse en sus pechos, los cuales no eran ni pequeños pero tampoco grandes, cabían perfectamente en las manos del beatle.
Melody a pesar del deseo que sentía tuvo que desistir, una cosa era el trabajo, otra muy diferente era dejarse llevar por George, si bien sabia como toda mujer que se le topaba enfrente, que resistirse a sus encantos varoniles era más difícil que tratar de resolver cualquier tipo de ecuación matemática,  Solo que había que enseñarle a George Harrison que no todo el tiempo tendría ventajas o bien se le cumplirían sus caprichos.
Meoldy se desapartó poco a poco sin que nadie más que ella misma sintiera el pesar de tener que hacerlo, no le convenía que la secretaria uno de Brian llegase y la encontrara en esa situación con George.
-¿Y a ti que mosco te ha picado?-George esta vez volvió a su lugar, totalmente frío.
-Sabes que en horario de trabajo no puedo dejarme llevar George, por eso prefiero que vayas a mi casa.- Melody esta vez fue quien se puso melosa, tomando a George de la corbata lo aproximo hacia ella haciendo que quedara en medio de sus piernas.-Ahí puedo brindarte la atención debida sin fisgones por los lados, y por supuesto sin que esa novia tuya se vaya a aparecer.
George se sonrió, si le daba  razón, sería mejor esperar hasta la noche a fin de cuentas, no iba a quedarse sin diversión, esa tarde tenía cita con una clienta bastante peculiar; aparte de que esta vez no sabría que inventarle a Pattie, varias veces lo captó in fraganti con Melody y el repertorio de mentiras se le estaba acabando.
Como ya no soportaba sus escenas de celos ni sus llantos; aparte de que  le agregaba que estaba cansado de tener que llegar cada segundo día a su apartamento con un montón de flores y cajas de chocolates, no era ameno seguir escuchando sus reclamos, que si ya no le quería como antes, que si ya estaba perdiendo interés en ella, que se moría si dejaba de quererla en fin, Pattie sabía muy bien como mantenerlo sujeto a ella con chantajes, lo único con lo que la rubia modelo no contaba es que todos tenían un límite, y ella revezó el suyo desde hacía un año exactamente,
-Como quieras.-George le dio un beso sorpresa a Melody.-Hasta la noche entonces.
Sin más se dio la media vuelta camino hacia el estudio, se talló la cara varias veces antes de girar finalmente la perilla.
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Estaban tratando de modificar algunos sonetos en You gonna lose that gril, pero la mente de Paul se encontraba situada en otro lado o mejor dicho; en otro alguien, Dorothy ocupaba si bien la mayoría de sus pensamientos, y justamente habia una razón por la que ‘’you gonna lose that gril’’ le hacía pensar en tantas cosa que estuviesen pasando hoy por hoy si no se hubiera confiado en que la chica no se atrevería a mandarlo al demonio, Paul sentía a Dorothy bastante apegada a él, lo que le dio muchas veces el poder de hacer lo que el viniese en gana con ella, casi, casi de sentirse su único dueño pasando por encima incluso de sus propios padres.
Durante los meses de noviazgo se encargó de cambiar parcialmente todos los gustos de la chica haciéndola lucir justo como a él le gustaba, un look estilo Bridgitte Bardot pero que nunca era suficiente para cumplir sus expectativas.
Si la hubiese sacado una noche y la tratara como se merecía quizás no se sentiría tan miserable como en esos días, la soledad lo estaba ahogando, sentía que tenia mas apego hacia al alcohol, que a veces abusaba de él y bebía hasta quedar inconsciente de no saber de sí mismo, ya a esas alturas Jane Asher no era suficiente para ocupar el lugar que alguna vez tuvo Dorothy con él, para terminar rápido Pau;l McCartney sentía que su vida en la actualidad era un asco, lo único que le salvaba del suicido era la amistad de John, George y Ringo de estar como se decía completamente solo, seguro que ya habría acabado con su vida de una vez por todas, a fin de cuentas la sentía inútil.
Los tres chicos miraban a Paul esperando a que cantara parte del estribillo junto con George, pero nada, Paul solo estaba mirando fijamente; parecía como que andaba en otro lado. John hizo una señal al ingeniero de sonido para que apagara los aparatos, estaba convencido de que los chicos necesitaban un descanso.
Llevaban ya más de cinco horas sin parar, seguro eso es lo que tenía a Paulie tan distraído.
Paul se fue al pasillo en esos momentos estaba seguro que un cigarrillo no le sentaría mal, a parte que no le gustaba fumar cuando los chicos estaban comiendo. Lo único que no se fijó es que John salió tras él.
-Paul.
Paul paró su caminata, en realidad no quería fumar en el pasillo sino en el parque que estaba justo enfrente de la disquera, sería un lugar bonito y tranquilo para poner sus ideas en orden y pensar en que iba a ser su vida.
-¿Qué sucede John?
John respiró profundamente, desde que se casó con Cynthia sentía también que había dejado de restarle importancia a Paul; que ya no hablaban de sus cosas como antes, pro estar ocupado de las mínimas necesidades tanto de Cynthia como de Julián. En pocas palabras como padre y esposo estaba funcionando a las mil maravillas, incluso él mismo se impresionaba al ver que bien estaba saliéndole el trabajo, pero como amigo dejaba mucho que desear, Paul estaba mal desde hacía algunos días y solamente le veía pero nunca le preguntó el porqué, se supone que eso no hacen los amigos.
 -A mi nada.-John sacó su cajetilla de cigarros, cogió uno de ella dándoselo a Paul para que lo encendiera.-La pregunta más bien es ¿Qué te pasa a ti?
Paul miró a John de reojo, quería hablar, bueno hacia tanto que no hablaban de sus cosas privadas, que hasta se olvidó de que alguna vez lo hacían, también entendía ya no tenía que ocuparse de él teniendo motivos más importantes en cuales centrar su atención.
-John, sabes que yo puedo con mis problemas si, a parte con Cynthia y Julián tienes suficiente como para que…
-No eres un problema Paul, desde hace dias te veo, intranquilo, anda ¿Qué te pasa?
Paul suspiró pesadamente dejando salir el aire por sus fosas nasales de modo lento, era mejor desembucharlo, así se sentiría menos miserable.
-Dothy se casa.-John hizo una mueca, entonces con que eso era, solo que no sabía porque le afectaba tanto; siendo que ellos terminaron desde hacía algunos años.-Si, el hecho es que todavía sigo enamorado de ella, ni siquiera yo mismo sé porque, el hecho es que lo estoy y bueno de nada me sirve porque estoy seguro que si voy a Liverpool a tratar de hablar con la chica me va a mandar al demonio apenas me vea.
Paul se llevó el cigarro a la boca dando una larga bocanada, después dejo escapar el humo por la misma haciendo un largo sendero de este.
-¿Y cómo sabes que va a suceder eso si aun no haces la prueba?
Paul se rió a modo sarcástico ¿Qué si como lo sabía? Fácil, la chica no iba a querer volver con él después del trato que le dio, era obvio que no se quedaría soltera toda la vida esperando a por él, se conseguiría a alguien que de verdad valiese la pena para compartir sus días a su lado, lógico, lo que hacían todas.
-A ver John.-Paul se recargó en una pared, cruzando los brazos y las piernas.-Es fácil, ¿Crees que Dorothy querrá siquiera volver a verme al cara después de como la traté? ¡Obviamente no! Por eso es mejor quedarme aquí y ella allá, creo que lejos estamos mejor.
-¿Aunque a ti te duela? ¡Vamos Paulie!-John trataba de animarlo justo como Paul lo animaba a él, cuando creía que las cosas con Cyn estaban perdidas, era lo que quería levantarle el ánimo, recordarle a McCartney que si alguna vez pudo lograr que Dorothy se fijara en él, quizás podría lograrlo una segunda bien decían por ahí que donde hubo fuego; cenizas quedan, y probablemente con Paul y Dorothy quedaran no cenizas sino brazas todavía esperando a que el fuego volviese a arder.-¿Por qué no vas a Liverpool y le hablas de lo que sientes? No pierdes nada, si la chica te acepta bien y si no insiste, mírame a mí con Cyn creía que todo estaba perdido, me funcionaron las cosas míranos ahora, casados ,felices y con un montón de babas llamado Julián.
Paul no pudo evitar reír, siempre la peculiaridad principal de Lennon era arrancarle una carcajada a las personas aun en sus momentos más difíciles, por eso es que consideraba a John más que un amigo, un hermano a quien pensaba considerar toda la vida.
Pensándolo mejor, John tenía razón, debía dejar de lamentarse, mover el también los hilos que tuviese a su alcance para poder lograr su cometido, estaba seguro esta vez que tendría suerte, aunque solo le restaba una cosita: hablar con Jane a cerca de sus verdaderos sentimientos, estaba seguro también de que la pelirroja entendería, que aceptaría las cosas  o al menos eso es lo que Paul McCartney quería creer.
Luego de mucho pensar las cosas y provocarse él mismo un dolor terrible de cabeza debido a eso mismo, miró nuevamente a John, quien mantenía los ojos fijos en la calle entreteniéndose con los autos que iban y venían.
-Creo que tienes razón John.-John le palmeó el hombro derecho varias veces.-Tengo que jugar mis cartas, quizás las únicas que me queden, pero al menos tengo que irme haciendo tiempo, solo me queda un mes, ella se casa en un mes y ese es el tiempo que tengo para hacerla cambiar de opinión.
-Esa es la actitud Paulie ¿Cuándo piensas irte?
Paul se quedó callado, debía arreglar sus pormenores con Jane, sería injusto largarse tras otra mujer dejándola a ella botada, quería hablar con ella primero, tratar de hacerla entender que ellos no eran más que la pareja que entusiasmaba a la prensa; porque estaba seguro que Jane andaba con él solo porque veía cierta promoción a su carrera de actriz, y él, bueno de algún modo tenia parecido con Dothy.
A parte sus celos los estaba convirtiendo en paranoia, veía cuernos donde prácticamente no los había, a menudo se enojaban, rompían y volvían al día siguiente, eso era una de las tantas cosas que no le gustaban a Paul de ese noviazgo de farándula.
-Creo que pasado mañana.-Paul se sobaba las sienes con el dedo índice y anular.-Espero que me vaya bien, otra de las cosas que tengo que hacer es hablar con la verdad a Jane, no se merece vivir engañada, ella merece alguien mejor, que sepa valorarla más yo ya no puedo.
John asentía mientras se encogía de hombros, en el fondo le daba gusto que Paul hubiese entrado en razón, ahora solo faltaba que Asher comprendiera que su amigo no era para ella, que de nada valdría tenerlo amarrado junto a ella si en la relación ya no había amor por parte de Paul.
-Entenderá Paul y si no pues tú no puedes hacer nada, solo déjala y sé feliz.
Paul sonrió, estaba ahora alegre, lleno de optimismo y alegría, no cabía en sí de gozo, en fin muchas de las cosas que lograron su pequeña pero productiva charla con John Lennon, le dieron ganas de volver prácticamente a la vida.
®®®®

Las once y media, George se estaba aburriendo en aquel fino y caro restaurante de la zona céntrica parisina, fue citado ahí por una de sus clientas el problema es que al cita era desde las diez, transcurría ya más de hora y media y la mujercita ni sus luces, apuró su vaso de Whiskey, pidió otro, esperaría el resto que falta así n que se fuera mucho al diablo, tenia cosas más importantes que hacer.
Mientras bebía el Whiskey se puso a fisgonear el lugar no muy lejos a la redonda para ser exacto se encontró una mujer, rubia, algo mayor a juzgar por la apariencia pero se veía prácticamente juguetona; ella dobló sus dedos haciéndolo ir hasta donde ella, George meneó la cabeza de un lado a otro indicándole que estaba esperando a alguien, entonces la rubia comprendió, tomó su copa junto con su bolso comenzando a andar hacia el beatle.
-¿A quién esperas?
-Se supone que a una clienta, no debe tardar.
-Soy yo.
George apretó el vaso, se notaba a legua que esa era de las que les gustaba hacer lo que querían con los hombres, solo que al diferencia era que él no era de esos.
-¿Hubo necesidad de hacerme esperar tanto?
Madeleine se soltó riendo a carcajadas, le empezaba a conocer y eso que solo tenía menos de dos minutos conversando con él, estaba segura que ese chico seria su fuente de inspiración perfecta; el personaje varonil de su novela tenia las características de ese inglés, tosco, atractivo, ardiente, apasionado, joven en fin era el Charles Louis perfecto para idear su nueva novela.
-Me gusta hacerlos sufrir.-Madeleine quiso coger la barbilla de George, este sin embargo cogió pero su muñeca apretándola fuerte entre su mano.-Me lastimas.
-Numero uno Madeleine, no soy un idiota, numero dos odio que jueguen conmigo, numero tres comprende no soy como esos francesitos pendejos que acostumbras ¿queda claro? Puede que aquí seas tu quien page, pero el que ofrece el sexo y el placer soy yo, entonces por ende me toca la otra mitad del negocio ma belle.
Madeleine sonrió retorcidamente, su mente mientras George hablaba comenzó a maquinar lo que sería el primer capítulo de su nuevo libro, si una escena donde Charles y su nueva sumisa estarían en una situación incómoda, pero candente y excitante para más de una; incluso ella misma sentía como su sexo se mojaba mas y mas dejando sus bragas completamente húmedas, ya ansiaba ser poseída por aquel demonio de piel morena y ojos negros; ser sacudida por sus brazos, tocada por su cuerpo, torturada por aquellos carnosos labios, que…
-¡Madeleine!-George le zarandeó fuertemente haciéndole perder la poca voluntad que le quedaba, para ese entonces, Madeleine de Contalux podía llamarse a si misma la sumisa de George Harrison.
Madeleine no soportó mas, estar en ese maldito restaurante le estaba matando en esos momentos lo único que realmente ansiaba era tener a George dentro suyo con todo su esplendor, dándole hasta hacerla desfallecer de placer. Se dejó ir a los labios de George sorprendiéndolo, tomándolo plenamente por asalto, no le importó que los pocos que estaban a su alrededor se le quedasen mirando como si estuviese loca, aunque bueno si lo estaba pero por él.
Por su parte a George el enojo se le pasó rápido; la excitación se hizo presente, el que Madeleine reaccionara de esa manera tan rara, peculiar y apasionada al mismo tiempo provocó que su miembro se endureciese al acto, sin siquiera sospechárselo Madeleine tenía ya metida su mano dentro de sus pantalones palpando a plenitud su erección.
-No puedo verte pero sospecho que has de ser enorme
Ese último comentario le arrancó una leve carcajada a George.
-¿No quieres que mejor nos vayamos de aquí? Conozco un hotel de por aquí cerca.
-No, necesito que sea en mi apartamento, mejor vámonos.
Madeliene dejo en la mesa 300 euros, jalando a George de la corbata apurándolo a caminar, en el coche de George lo que siguió fue una sesión de besos y tocamientos previos; George aventó a Madeleine al lugar que le correspondía en el auto poniéndose a conducir hasta llegar al edificio donde vivía.
Dentro de su apartamento siguieron besándose, Madeleine le arrancaba prácticamente la ropa aventándole a donde mejor le pareciera, George hacia lo mismo, desde hacía unos minutos le dejó sin vestido ni sostén solo le quedaban las bragas, esas quiso guardarlas para el restaurante. A ciegas logró llegar a la habitación de Madeleine, ahí le ató a la cama;  le dio unos cuantos golpes alrededor del cuerpo con sus cinturón, los gemidos de Madeleine no hacían otra cosa más que ponerlo más duro; su pene estaba a nada de explotar dentro de los pantalones, sin embargo era la misma Madeleine quien no le permita quitárselos.
Siguió golpeándola hasta que el escuchó gemir, vaya nunca le había tocado una de esas; pero por ello no diría que era malo al contrario, el también ya estaba en su punto. Madeleine se puso boca arriba en el colchón abriendo las piernas al tope.
-Estoy lista George.
George aventó el cinturón lejos de su vista, se bajó rápido los pantalones metiéndose en medio de las piernas de Madeleine, llevó su miembro directamente hacia el centro de aquella mujer, y comenzó a penetrar tan fuerte como su complexión se lo permitía, sin embargo cada penetración le era menos a Madeleine siempre exigía más rigor, más fuerza y mas profanidad  él se lo daba  todo sin cansarse, para eso era su trabajo para dar placer, obedecer a las clientas; siguió con las penetraciones haciéndolas duras, y cada vez más profundas que la vez anterior, estaba seguro de haber hecho sangrar a Madeleine pues a pesar de estar a obscuras podía apostar que en las sabanas había una pequeña mancha y de semen no era.
Terminó corriéndose con las uñas de Madeleine bien enterradas en su espalda, fue la mejor sesión de sexo que había dado en todo el tiempo que llevaba en ese trabajo, a criterio de George;.
Estaba demasiado agotado como para volver a conducir, Madeleine le dio permiso para quedarse en su apartamento, estaba segura que aprovecharía el día siguiente para una nueva sesión que el dejase la imaginación viva.



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