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sábado, 3 de mayo de 2014

Capítulo VII


Paul

Paul se quedó mirando a Dothy fijamente ella por su parte prefirió rehuir su mirada fue muy de sorpresa aunque también le provocó un poco de disgusto siendo el mismo quien quiso dar por finalizada la relación dos anos atrás para comenzar a salir con Jane Asher sin importarle que ella acabase de abortar un bebé de los dos.
Eso fue lo que le dio el valor necesario para recordar que al menos uno de los dos cumplió la promesa de no volverse a ver.
-Vete.-Acotó con firmeza, pero sin seguir mirándole a los ojos.
Lo único que ansiaba en ese momento era que se fuera de una vez y para siempre pues aunque dentro de ella todavía existiese algo que clamaba mas por Paul que por Frederick, comprendía que ya el mundo de Paul y el de ella eran demasiados distintos, Paul ahora era una afamada estrella de rock en tanto ella no era más que una simple florista residente en Liverpool.
Paul prefería hacer oídos sordos a los deseos de Dhoty aunque a decir verdad ¿Qué podía esperar? ¿A caso en serio pensó que Dhoroty lo recibiese con los brazos abiertos y le dijera que todo estaba enterrado y olvidado? Era demasiado pedir que aun no lo surtiese a bofetadas siendo que cuando más lo necesitó y el con la mano en la cintura la mandó a freír espárragos cuando Jane se le cruzó en el camino.
Ahora no le quedaba de otra más que hacer como que no dijo nada; si solamente el tal Frederick no se hubiese metido en la vida de Dhoroty pudiera que todavía tuviese un segundo chance solo que en esta ocasión ya había planes de boda con un guapo moreno alemán.
-Sé que esto es demasiado pronto pero…
Dhoroty
Dhoroty se desesperó ¿Para que dejara que siguiese hablando? Ya vivía tranquila sin su compañía que al fin comprendió a base de varias terapias psicológicas no era buena para ella.
-¡Vete!-Dhoroty le dio un golpe en el pecho, Paul no tuvo de otra más que apartarse de ella.-¡Vete! ¡Vete! ¡Vete! ¡Largo de mi vida!
Si, aquello era justo lo que veía venir, la verdad es que no se arrepentía de haber ido hasta su casa al menos le iba a dar la oportunidad de sacar los reclamos ahogados, y hasta de darle un par de merecidas bofetadas.
A raíz de ese golpe vinieron como avalanchas otros más en los que Dhoroty le daba con demasiada fuerza como si pretendiera partirle el pecho a base de golpes, ¿Cómo podía osar pensar que ella volvería a darle cabida en su vida? ¿Hasta ese punto podría llegar su maldito cinismo?
Bueno ahora era alguien públicamente conocido, quizás Jane Asher lo hubiese mandado al demonio temporalmente y ¿Por qué no? Pasar un tiempo con la tonta y manipulable Dhoroty Rhone no era una desagradable idea si una vez pudo con ella ¿Por qué sería imposible una segunda? Quizás ese y otros macabros pensamientos estuviesen pasando por la perturbada mente de Paul McCartney el ahora famoso beatle sin embargo ella ya no estaría ahí para permitirle burlarse de ella y sus sentimientos una vez más.
-¿A que has venido?-Cuestionó sin estar todavía tranquila, solo que por el momento tenía los ojos desbordados en lagrimas.-¿Qué quieres de mí esta vez? ¿No te bastó en cambiar mi personalidad por completo? ¿No fue suficiente hacerme dependiente de ti? ¿No te bastó tratarme como si fuera una basura durante el tiempo que estuve contigo?
No era para tanto una cosa es que sí Paul mismo lo admitía fue un cabrón de primer categoría con ella, pero también había veces en que las mujeres exageraban con sus reclamos aunque en ese caso, la verdad es que debía admitirlo Dhoty tenía razón; solo que era todavía demasiado machista como para tomarlo en cuenta.
-Todavía creo que hay un segundo chance entre tú y yo. -Dhoroty que estaba de espaldas volteó a verlo con una mirada llena de incredulidad combinada con enojo.-Sí entiendo que fui un imbécil no sé cómo pero todavía te sigo.-Paul antes de decir lo ultimo tragó saliva aferrándose a la perrilla de la puerta.-amando.
Por un solo instante Dhoroty no reclamo ni gritó, no hizo nada casi podía jurar que la actuación de Paul estaba siendo cada vez más perfecta, no cabía duda que el filmar A Hard Day’s Night le enseñó a ser todavía un mejor actor de lo que había sido mucho tiempo antes de ser famoso, pero por otro lado notaba una cierta pizca de sinceridad en sus palabras, y no solo ellas sino porque en la expresión que mantenían sus ojos había algo de culpa incluido con arrepentimiento.
Pero no, no podía darse el lujo de caer otra vez ¿Qué tal si solo eran figuraciones del propio Paul? O si tal vez solo fuese una prueba que el destino estaba poniéndole para ver si sería capaz de serle fiel a Frederick sin tener que volver a pasar por los brazos de Paul McCartney.
-Por última vez Paul.- Dhoroty perdió nuevamente su vista lejos del alcance de los ojos de McCartney quien buscaba su cara con demasiada animosidad.-Te pido que me vayas, tu solo quisiste salir de mi vida, ahora no puedo volverte a meter dentro de ella porque como ya has de saber, hay alguien más.
Paul apretó los puños, pensar que para ese momento de no haber sido tan idiota pudiese haber tenido un hijo con ella, y no estarle rogando por una segunda oportunidad.
-Si.-Paul se acercó a ella por detrás abrazándole de la cintura, sintió como Dhoroty se estremecía entre sus brazos al tiempo que buscaba la manera de zafarse de ellos.- Ya sé que hay alguien más, mas no por ello significa que me vaya a dar por vencido, por el momento entiendo que no me creas, piensas que quiero burlarme de ti otra vez, pero esta vez es real.-McCartney se encogió de hombros, en tanto Dhoroty caminaba por toda la pequeña sala de la casa.-Como te dije te sigo queriendo; tengo un mes de vacaciones en lo que se termina de concretar una gira por México, lo que también sé es que no me pienso ir de Liverpool con el rabo entre las piernas y las manos vacías que te quede claro a ti también.
Se marchó definitivamente de la casa, tal y como ella quería dejándola más sorprendida que de costumbre ¿Cómo le iba a hacer ahora para quitárselo de encima?
®®®®
La primer aparición de Paul nuevamente en la vida de su ex estuvo dentro de lo que el beatle ojiverde consideró normal; una vez que hubo calmado su respiración echó a andar el auto aparcándolo a dos cuadras de la casa de Dhoty, ahí se encontraba un telefono público en ese momento lo que más necesitaba era una persona con quien hablar y esa era John. No dudó para bajar del coche, meterse dentro de la cabina telefonocia comenzando a marcar el numero de extención de la compañía discográfica de Paris.
-¿Diga?
Vaya, esa era la voz ronca de Harrison.
-¿George?-Paul se cuidaba a cada rato de que las chicas en Liverpool todavía no le reconocieran.-Soy yo , Paul ¿De casualidad se encuentra John por ahí?
En el estudio George vio como Ringo y John entraban ambos con su par de bebés en brazos, y unas bolsas de comida, él en tanto se había quedado para limpiar el lugar ya que estaba lleno de bolsas con frituras, papeles, partituras, hojas, en fin todo un desastre.
Apenas logró John llegar hasta donde una pequeña mesita que George acondicionó para poder comer como era decentemente, le hizo señas para que asistiera el telefono, a juzgar por la voz Paul tenía algunos problemillas, y si bien adivinaba tendrían que ver con aquellla criatura tímida llamada Dhoty Rhone. Por lo que tuvo el mejor empacho de poner el altavoz de la bocina.
-¿Qué pasó?-Preguntó John desde la mesa, mientras ordenaba todo, podía escuchar a Paul perfectamente.
-Bueno al menos di el primer paso.-Todos escuchaban como Mcca resoplaba a través de la otra línea.-Salió como era de esperarse, será más difícil de lo que yo pensé ¿Sabías?
En Liverpool Paul agachó la vista hacia el suelo intentando dejar de sentirse idiota, sin embargo no podía ahora el creciente sentimiento de inferioridad era mucho más fuerte que él.
-Ten paciencia McCa.-John se alejó de la mesa sentándose en una silla con el aparato telefónico en sus manos, y claro con George y Ringo alrededor suyo.-Esas cosas hay que entender que se toman su tiempo.
-Si.-Paul procuró bajar la voz, estaba pasando mucha gente por donde él estaba, no era muy bueno que a cierta o cierto listo se le ocurriera fisgonear quien estaba dentro de esa cabina.-Pero resulta que lo que menos tengo es tiempo.
-Pues entonces.-John fulminó a George que le robaba la palabra, se supone que estaban hablando con él.-¿No has pensado en usar el cloroformo? Dicen que es muy eficaz en este tipo de casos.
Paul rodó los ojos desde donde estaba, en Paris, John y Richard fulminaron a George con la vista, el menor de los Beatles no se inmutó como ya había echo su acción de caridad, dispuso a escuchar lo que diría Paul a continuación.
-Yo lo único que puedo decirte Paulie.-John se rascaba la nunca al tiempo que ponía gestos de dificultad.-Sería que fueras paciente, a veces es una virtud y otras veces como nosotros que tenemos el tiempo encima es un estorbo, procura no abalanzarte sin pensar las cosas sabes.
Paul se echó a reír, otra vez le pedía paciencia ¿Cómo era que podía pedirle semejante cosa? Dado a que las cosas se ponían de lo peor, Dhoroty pensaba que solo la buscaba para hacerla sufrir otra vez y estaba en todo su derecho de pensarlo; pero como le dijo en este caso el tiempo era lo que tenía más corto.
-Lo tendré en cuenta.-Paul encendía un cigarrillo, no hablo hasta dar la primer bocanada.-¿Y que ha dicho Brian sobre lo de México?
-Creo que las cosas van bien.-Ringo que era el más informado en ese caso, fue quien atendió el telefono esta vez, dado a que John y Paul se encontraban sirviendo la comida china en los platos desechables.-Solo tienes un mes.
-Gracias por semejante reconformación Richard.-Añadió George, haciendo por ende que John soltase la carcajada.
Paul comprendió que por el momento entre esos tres no se hallaban entre ellos el pie con la bola, sería mejor idear otra estrategia para conseguir que Dhoroty retrasase su boda con ese alemán.
En el estudio mientras comía George se acordó de una amiga alemana que estaba muy metida en asuntos de espionaje del FBI, quizás podría colaborar con el problemón que se cargaba McCartney si le conseguía información del tal noviecito que le estaba haciendo la vida de cuadros al pobre McCa.
-¿Sigues todavía al telefono Paulie?
 -Eh.-Paul movió la cabeza un poco para despabilarse.-Ah sí.
-Tengo una amiga que trabaja para el FBI en Alemania justamente, ella reside por el momento en París, dame el nombre del tercero en discordia y veré si hay algo que te pueda ayudar.
A Paul se le iluminaban los ojos con la brillante idea de George, sacó de su chaqueta una libreta donde apuntaba las cosas que tenía que hacer durante el día y buscó en la última página el nombre de el alemán que le estaba estorbando en sus planes.
-¿Ya lo tienes?-Cuestionó George listo con una libreta y lapiz en mano.
-Sí.-Paul que batallaba incluso para leer su propia letra, tuvo que hacer los ojos de todos tamaños para poderle entender.-Frederick Zoller.
George anotó pulcramente el nombre del individuo, arrancando el papel después y metiéndoselo al saco del traje.
-Bueno, veré que puedo conseguirte mientras sigue haciendo lo tuyo.
Paul colgó la bocina respirando más tranquilamente, al menos George con lo que el investigase le daría armas para saber más o menos a que atenerse, sabría si Zoller sería de cuidado o no.
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Agneta
Tal como le prometió a Paul, George esperaba en un restaurante cerca del palacio de Versalles a su amante en turno, se trataba de la sargento Agneta Mohrange  una linda y caprichosa mujer miembro del ejército alemán que estaba en Paris por causa de cierto individuo que ya les traía a los jodidos nazis la cabeza patas para arriba.
Se terminó el cigarrillo empezando el que vendría siendo el decimo tercero, a este paso la cajetilla que compró saliendo del estudio de grabación estaba quedándose a menos de medias, era increíble su capacidad para fumar aunque de sobra sabía lo que le estaba haciendo a sus pulmones no podía dejarlo, primero empezó con los chicles de nicotina, luego vino el cigarrillo y después el puro gustándole finalmente el segundo.
Al fin su acompañante daba señales de vida, George se puso de pie como todo caballero galante, inglés y bien portado la saludó al estilo francés los dos típicos besos al aire en la mejilla, para volverse a sentar. Agneta sacó de su portafolios un par de folders los cuales le dejó caer en la mesa.
-¿Esto que es?-Cuestionó George tomando las carpetas de aros que se mostraban en sus narices.
-Es la máxima prueba de que en el ejército alemán no existe tal persona que corresponda al nombre de Fredirck Zoller.-Habló Agneta al tiempo que le robaba un cigarrillo.
George se quedó pensativo, entonces quería decir que el tipo con el que la chica de Paul iba a casarse, no estaba muy limpio que digamos.
-¿Porqué tanto interés en esa persona?-Agneta era el nuevo bicho de curiosidad, al tiempo que le formuló la pregunta se quitó el tacón; empezando a acariciar la pierna de George por debajo de su pantalón.
George al sentir el delicado pie de Agneta no hizo nada, simplemente la dejó seguir a fin de cuentas era su trabajo.
-¿Así que ese es un nombre falso no?
Agneta asintió sin dejar de hacer sus travesuras, fue cuando George se cansó cambió de silla y ahora estaba demasiado cerca de ella, palpando descaradamente su intimidad.
-¡¿Qué estás haciendo?!
George sonrió al ver que conseguía lo que se propuso: ponerla de mil colores.
-Creí que a ti también te gustarían mis jueguitos debajo de la mesa.
George se hizo el ofendido comenzando a picar un pastel de cajeta con fresas, estaba rico, si uno de sus vicios era el cigarrillo, el otro el sexo el tercero era definitivamente la comida, le encantaba comer y como tenía un buen organismo que metabolizaba rápidamente todo lo que entraba en su interior impidiéndole de esa forma engordar, pues ¿Cuál problema? A seguir disfrutando de la comida.
-¿Sabe rico tu pastel amor?-Agneta pronto perdió los nervios, estaba acercándose a él demasiado.
George asintió con la cabeza luego de tragar el pequeño bocado que se llevó a la boca, le colocó un pedazo del pastel a Agneta, pensó que ella lo iba a probar pero le cogió desprevenido plantándole semejante beso en frente de las pocas personas que se encontraban en el restaurante.
La situación comenzaba a calentarse, Agneta sentía su parte interior humedecerse, que humedecerse, mojarse, empaparse más bien, en tanto George ya sufría los efectos dentro de su pantalón, su pene comenzaba a crecer eso no era agradable.
-¡George!
Paró, cierta voz ya muy conocida para él estaba a sus espaldas, Agneta dejó de besarlo mirándole incriminadoramente pero estaba como el sin mirar atrás. Definitivamente su llegada le cogió por sorpresa que él supiera duraría en América un par de semanas más, por lo visto quiso darle la sorpresita ¡Pues vaya que se la dio!


miércoles, 19 de marzo de 2014

Capítulo VI

Para George era demasiado tedioso tener que lidiar con sus dos trabajos y encima con su hermana menor que era peor que lidiar con un niño hiperactivo de seis años, sin embargo tampoco se animaba mucho a mandarla con sus padres pues algo le decía que tanto su papá como su mamá no estaban todavía muy contentos con Louise por lo que prefirió regalarle unas vacaciones en París, hasta estar seguro que el coraje se les había pasado rotundamente a los Harrison.
Esperó en el estacionamiento del edificio a que su hermana terminara de arreglarse ¿Por qué las mujeres se empañaban tanto por el maldito aspecto físico? Pasó más de quince minutos dando vueltas alrededor del coche hasta que al fin la vio atravesar la puerta de entrada, George alzó las manos al cielo murmurando un silencioso ‘’aleluya’’ para ir a abrirle la puerta del ayudante a su hermana, ante todo todavía le quedaba algo de caballero.
— ¿Tienes que trabajar en Sábado?—Preguntó Louise sacando de su bolso un pequeño kit con maquillaje.
George apenas la vio se frenó de repente provocando que Louise se fuera de la mano con el rímel, mientras su hermano la miraba de una manera estupefacta, Louise le volteó a ver como si hiciera algo de lo más natural.
 —¿Qué rayos estás haciendo Louise Harrison? — George apretaba las manos al volante, tanto que ni se dio cuenta de que ya tenía los nudillos rojos de tanto apretarlas, su hermana estaba rematadamente LOCA.
—Pues estaba maquillándome. —Acotó Louise a manera de reclamo.­—Pero con semejante enfrenada, me has echado a perder el rímel.
Antes de que Louise volviese a echar mano del rímel, George alzó sus manos desesperadamente hasta donde los maquillajes de su hermana lanzándolos violentamente por la ventanilla del auto ¡Era una escuincla y ya se maquillaba! ¿En donde estuvo su madre todo el tiempo que no observaba bien lo que hacia esa loca?
—¡Que haces! —Louise se fastidió, ya no su madre ponía el grito en el cielo cuando la llegaba a ver maquillándose, y esto que el que si era estricto en cuanto a ese tipo de cosas era su papá.
—Que quede claro Louise.-George subió los vidrios no son antes ponerle el seguro a todas las puertas. —Si vas a querer vivir conmigo, tendrás que acatarte a mis reglas y la primera es no quiero prendas minúsculas, número dos, no maquillajes hasta que yo me muera y con tres dias de descanso para estar alertas y numero tres no muchachos desconocidos en MI apartamento ¿Queda claro?
— ¿Y que me dices de llevar señoras más grandes que tú? — Semejante tapón en la boca le puso a George, que con eso sintió que lo tenía en sus manos y en efecto, así era.
—P…pues es mi apartamento y yo en el meto a quien se me de la gana. —George se volvió a colocar el cinturón de seguridad, con las manos temblorosas.
—Ya vale, pero no es para que te pongas así de nervioso.
— ¿Sabes que Louise mejor cállate antes de que te abandone en algún lugar lejos de aquí quieres?
—Amargado.
— ¿Amargado yo?-Ironizó George—Ya quisieras.
Volvió a encender el auto perdiéndose en el espantoso tráfico parisino que todo el tiempo inundaba los sábados a las siete de la mañana.
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Paul se despertó aquella mañana de buen humor, estar en casa le hacía bien es mas ya hasta extrañaba el atender la mueblería, ayudarle a Ruth con sus sobrinos en fin, le gustaba estar nuevamente en Liverpool. La primera en entrar al que seguía siendo su cuarto fue Ruth con una bandeja que contenía un nutriente desayuno y un par de cortinas limpias para cambiar las otras que estaban que rebozaban polvo,
    ¿Qué tal pasaste la noche Paulie? — Preguntó Ruth mientras cambiaba las cortinas y ponía la bandeja en las piernas de Paul.
—Demasiado bien para que voy a quejarme. —Paul recordó el motivo por el cual se animaba a viajar hasta Liverpool. — Oye Ruth ¿Qué has sabido a cerca de la boda de Dorothy?
Ruth dejó de sacudir las cortinas, al fin sacaba el peine solo que le extrañó saber que en el rostro de su hermano había cierta pizca de melancolía.
—Solo sé que es un alemán, creo que viajó a Berlín y no sé que demonios pasó, pero lo cierto es que regresó comprometida ¿Por qué? —Ruth cayó en la cuenta, a juzgar por la cara apesadumbrada que puso Paul, era notable que a su medio hermano le dolía lo de Dothy— Ay Paul ¿No me digas que viniste a Liverpol por…
—Sí Ruth.-Paul dejó la charola con el desayuno a un lado para levantarse de una vez, le estaba doliendo la espalda de tanto estar semiacostado. — Vine porque todavía le quiero, pero no me atrevo del todo a ir hasta donde ella y decirle que volvamos.
 —Mmm pues con todo lo que sucedió antes de que tú comenzaras a salir con esa Jane. —Ruth hizo muecas de desdén— No creo que ella quiera volver a saber de ti, ella quedó algo dolida sabes, le caló cuando abortó y a los dos meses tu comenzaste a salir con ella.
Paul suspiró, sin embargo no podía dar todo por terminado estaba dispuesto a hacerle caso a John; viajó a Liverpool para ir a la gira que tenían programada a México con él, y no se iría de Liverpool con las manos vacías de eso estaba cien por ciento seguro.
Se levantó empezando a buscar ropa para vestirse, el día pintaba para que hiciera algo de calor por lo que eligió una camiseta negra, unos vaqueros y unas botines de charol en color negro por los peinados solamente peinó su cabello lacio hacia atrás y listo. Tomó la chaqueta negra que pendía del espejo del peinador y salió de su cuarto rumbo a la calle.
A parte de Ruth suspiró tranquilo al enterarse de que no había nadie más en casa, por lo que pensó podría salir sin tomarse la molestia de darle explicaciones a nadie, cerró la puerta tras de sí empezando a caminar rápidamente al auto que compró el mismo día que llegó a Liverpool. Ruth le dio la dirección de la florería que los Rohne pusieron en Penny Leane.
Siguió las instrucciones que venían escritas en la nota llegando rápidamente. Se estacionó en un callejón que estaba justo de tras del local la cosa pintaba prácticamente bien, la puerta que daba a la trastienda estaba abierta entró sin previo aviso, Era un cuartucho obscuro con un deliciosos arome de flores revueltas, puestas todas en barricas con agua. En la tienda al parecer había clientes ya que Dorothy estaba recorriendo con ellos mostrando algunas flores blancas.
Paul le restó importancia a eso, esperaría a que la tienda estuviera sola para salir del escondite entre tanto se dejó caer en un pequeño sofá que estaba ahí con unos periódicos de los cuales tomó uno.
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Olivia llegó a la casa que casi pegaba brincos, al fin después de tanto discutir lograba convencer a su tío de dejar que ese grupo llegara a México, estaba segura que serían todo un éxito no habia querido dar la noticia a los medios de comunicación hasta el día siguiente pues muchas veces su tío podía decir una cosa y al momento cambiar de opinión.
Sin embargo apenas llegó una criada llegó a ella con el telefono en mano.
—Gracias Juanita.
Olivia tomó la llamada, venia del palacio de gobierno, antes de contestar tomó aire rezando profundamente porque su tío no hubiese tenido la magnífica idea de cambiar de opinión:
—¿Hola?
­ —¿Eres tú mija?­ —Olivia cerró los ojos fuertemente, deseando que no pasara lo que ya temía.
—Sí tío ¿Qué pasó ahora?
—No nada más para decirte que eso de los melenudos sigue en pie, dile al rarito que se queda en tu casa que los traiga cuando quiera pero que los mantenga FUERA DE LACIUDAD DE MÉXICO.
Olivia volvió a ponerse contenta ahora si las cosas se suponía iban en serio a partir del día siguiente empezaría a correr la voz por los principales programas de televisión, las radiodifusoras y los periódicos en fin, que todo México se enterara de que al fin venían The Beatles.
—No sabes cuánto me alegra que no hayas cambiado de opinión tío.
—Ya ves, me convencieron, pero en fin pero ya sabes nada de tener a esos cuatro aquí.
—¿Pero a donde me los llevo?
—Que tus padres no te dejaron una hacienda en Puebla?
Olivia se mordió el labio inferior, se suponía que toda esa gente eran personas de ciudad, acostumbradas al ruido, a los lujos y no a la ordinaria vida campesina que se llevaba en Puebla.
—No creo que funcione eso.
—Pues a ver cómo te las apañas mija, ya te dije en el D.F. no los quiero,
— ¡Pero tío!
— ¡Última palabra Olivia!
Ahora Olivia tenía un nuevo problema; Acomodar a esas personas, a saber cómo le iba a hacer, pero pues tendría que recurrir solamente al plan A que le dio su tío.
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Dhoroty
Paul llegó a lo que era la casa de soltera de Dorothy, se encontraba en una de las colonias más tranquilas de Liverpool, esperó a que ella saliese del taxi y luego se apeó el del auto no sin antes aclararse la garganta y rogar por que su suerte fuese un poco amena y no lo mandase al diablo, apenas le abriera la puerta.
Se acercó temeroso de que alguien le reconociera y truncara sus planes por fortuna nada de eso ocurrió por lo que pudo llegar sano y salvo al portal de Dorothy. Se frotó las manos indeciso llegando a la opinión de que debía hablar si es que quería recuperar lo que perdió así pues llevó su mano derecha al timbre de la puerta de primer momento; no obtuvo buenos resultados, pero al segundo timbre ella acudió al llamado quedándose de estática apenas le vio parado en su umbral sin saber que decir.
—Hola—Fue lo que Paul pudo articular por el momento, mientras veía a Dorothy completamente diferente, ya no era rubia, sino pelirroja—Tanto tiempo sin vernos ¿No?
Dorothy salió pronto del estado de shock en el que se quedó al verlo parado en la puerta de su casa, ¡Era increíble lo que estaba sucediendo! Tanto trabajo que le costó olvidarse de él, como para que pasados unos dos o tres años volviese a ponérsele en frente como si nada; Mas a pesar de su incredulidad Dorothy no pudo ser grosera, por más que hubiese querido escupirle la cara y aventarle con la puerta muy bien sabía que no podía hacer nada de eso, pues por más que los años pasasen Paul siempre estaba presente.
—¿A que viniste Paul? —Espetó Dorothy aparentemente tranquila.
Paul se quedó callado una vez más, al menos lo primero que pensó no sucedía por lo que podía considerar aquello como una ganancia enorme.
—Hablar contigo por supuesto.
—¿Conmigo? —Dorothy frunció el ceño—¿Y de que quieres hablar si es que puedo saber?
Paul se fue alejando poco a poco del pórtico adentrándose ya a lo que era parte del living de la pequeña casa, Mientras tanto Dorothy daba pequeños pasos retrocediendo tratando de encontrar con la mirada, algún objeto que le sirviese de ayuda para quitarse de encima a McCartney y sus intenciones.
Una vez que Paul logró acorralar lo suficientemente bien a Dorothy colocó sus brazos sobre la pared; dándole menos libertad de moverse.
—Creo que tu ya sabes la respuesta no Dothy.