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miércoles, 19 de marzo de 2014

Capítulo VI

Para George era demasiado tedioso tener que lidiar con sus dos trabajos y encima con su hermana menor que era peor que lidiar con un niño hiperactivo de seis años, sin embargo tampoco se animaba mucho a mandarla con sus padres pues algo le decía que tanto su papá como su mamá no estaban todavía muy contentos con Louise por lo que prefirió regalarle unas vacaciones en París, hasta estar seguro que el coraje se les había pasado rotundamente a los Harrison.
Esperó en el estacionamiento del edificio a que su hermana terminara de arreglarse ¿Por qué las mujeres se empañaban tanto por el maldito aspecto físico? Pasó más de quince minutos dando vueltas alrededor del coche hasta que al fin la vio atravesar la puerta de entrada, George alzó las manos al cielo murmurando un silencioso ‘’aleluya’’ para ir a abrirle la puerta del ayudante a su hermana, ante todo todavía le quedaba algo de caballero.
— ¿Tienes que trabajar en Sábado?—Preguntó Louise sacando de su bolso un pequeño kit con maquillaje.
George apenas la vio se frenó de repente provocando que Louise se fuera de la mano con el rímel, mientras su hermano la miraba de una manera estupefacta, Louise le volteó a ver como si hiciera algo de lo más natural.
 —¿Qué rayos estás haciendo Louise Harrison? — George apretaba las manos al volante, tanto que ni se dio cuenta de que ya tenía los nudillos rojos de tanto apretarlas, su hermana estaba rematadamente LOCA.
—Pues estaba maquillándome. —Acotó Louise a manera de reclamo.­—Pero con semejante enfrenada, me has echado a perder el rímel.
Antes de que Louise volviese a echar mano del rímel, George alzó sus manos desesperadamente hasta donde los maquillajes de su hermana lanzándolos violentamente por la ventanilla del auto ¡Era una escuincla y ya se maquillaba! ¿En donde estuvo su madre todo el tiempo que no observaba bien lo que hacia esa loca?
—¡Que haces! —Louise se fastidió, ya no su madre ponía el grito en el cielo cuando la llegaba a ver maquillándose, y esto que el que si era estricto en cuanto a ese tipo de cosas era su papá.
—Que quede claro Louise.-George subió los vidrios no son antes ponerle el seguro a todas las puertas. —Si vas a querer vivir conmigo, tendrás que acatarte a mis reglas y la primera es no quiero prendas minúsculas, número dos, no maquillajes hasta que yo me muera y con tres dias de descanso para estar alertas y numero tres no muchachos desconocidos en MI apartamento ¿Queda claro?
— ¿Y que me dices de llevar señoras más grandes que tú? — Semejante tapón en la boca le puso a George, que con eso sintió que lo tenía en sus manos y en efecto, así era.
—P…pues es mi apartamento y yo en el meto a quien se me de la gana. —George se volvió a colocar el cinturón de seguridad, con las manos temblorosas.
—Ya vale, pero no es para que te pongas así de nervioso.
— ¿Sabes que Louise mejor cállate antes de que te abandone en algún lugar lejos de aquí quieres?
—Amargado.
— ¿Amargado yo?-Ironizó George—Ya quisieras.
Volvió a encender el auto perdiéndose en el espantoso tráfico parisino que todo el tiempo inundaba los sábados a las siete de la mañana.
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Paul se despertó aquella mañana de buen humor, estar en casa le hacía bien es mas ya hasta extrañaba el atender la mueblería, ayudarle a Ruth con sus sobrinos en fin, le gustaba estar nuevamente en Liverpool. La primera en entrar al que seguía siendo su cuarto fue Ruth con una bandeja que contenía un nutriente desayuno y un par de cortinas limpias para cambiar las otras que estaban que rebozaban polvo,
    ¿Qué tal pasaste la noche Paulie? — Preguntó Ruth mientras cambiaba las cortinas y ponía la bandeja en las piernas de Paul.
—Demasiado bien para que voy a quejarme. —Paul recordó el motivo por el cual se animaba a viajar hasta Liverpool. — Oye Ruth ¿Qué has sabido a cerca de la boda de Dorothy?
Ruth dejó de sacudir las cortinas, al fin sacaba el peine solo que le extrañó saber que en el rostro de su hermano había cierta pizca de melancolía.
—Solo sé que es un alemán, creo que viajó a Berlín y no sé que demonios pasó, pero lo cierto es que regresó comprometida ¿Por qué? —Ruth cayó en la cuenta, a juzgar por la cara apesadumbrada que puso Paul, era notable que a su medio hermano le dolía lo de Dothy— Ay Paul ¿No me digas que viniste a Liverpol por…
—Sí Ruth.-Paul dejó la charola con el desayuno a un lado para levantarse de una vez, le estaba doliendo la espalda de tanto estar semiacostado. — Vine porque todavía le quiero, pero no me atrevo del todo a ir hasta donde ella y decirle que volvamos.
 —Mmm pues con todo lo que sucedió antes de que tú comenzaras a salir con esa Jane. —Ruth hizo muecas de desdén— No creo que ella quiera volver a saber de ti, ella quedó algo dolida sabes, le caló cuando abortó y a los dos meses tu comenzaste a salir con ella.
Paul suspiró, sin embargo no podía dar todo por terminado estaba dispuesto a hacerle caso a John; viajó a Liverpool para ir a la gira que tenían programada a México con él, y no se iría de Liverpool con las manos vacías de eso estaba cien por ciento seguro.
Se levantó empezando a buscar ropa para vestirse, el día pintaba para que hiciera algo de calor por lo que eligió una camiseta negra, unos vaqueros y unas botines de charol en color negro por los peinados solamente peinó su cabello lacio hacia atrás y listo. Tomó la chaqueta negra que pendía del espejo del peinador y salió de su cuarto rumbo a la calle.
A parte de Ruth suspiró tranquilo al enterarse de que no había nadie más en casa, por lo que pensó podría salir sin tomarse la molestia de darle explicaciones a nadie, cerró la puerta tras de sí empezando a caminar rápidamente al auto que compró el mismo día que llegó a Liverpool. Ruth le dio la dirección de la florería que los Rohne pusieron en Penny Leane.
Siguió las instrucciones que venían escritas en la nota llegando rápidamente. Se estacionó en un callejón que estaba justo de tras del local la cosa pintaba prácticamente bien, la puerta que daba a la trastienda estaba abierta entró sin previo aviso, Era un cuartucho obscuro con un deliciosos arome de flores revueltas, puestas todas en barricas con agua. En la tienda al parecer había clientes ya que Dorothy estaba recorriendo con ellos mostrando algunas flores blancas.
Paul le restó importancia a eso, esperaría a que la tienda estuviera sola para salir del escondite entre tanto se dejó caer en un pequeño sofá que estaba ahí con unos periódicos de los cuales tomó uno.
®®®®
Olivia llegó a la casa que casi pegaba brincos, al fin después de tanto discutir lograba convencer a su tío de dejar que ese grupo llegara a México, estaba segura que serían todo un éxito no habia querido dar la noticia a los medios de comunicación hasta el día siguiente pues muchas veces su tío podía decir una cosa y al momento cambiar de opinión.
Sin embargo apenas llegó una criada llegó a ella con el telefono en mano.
—Gracias Juanita.
Olivia tomó la llamada, venia del palacio de gobierno, antes de contestar tomó aire rezando profundamente porque su tío no hubiese tenido la magnífica idea de cambiar de opinión:
—¿Hola?
­ —¿Eres tú mija?­ —Olivia cerró los ojos fuertemente, deseando que no pasara lo que ya temía.
—Sí tío ¿Qué pasó ahora?
—No nada más para decirte que eso de los melenudos sigue en pie, dile al rarito que se queda en tu casa que los traiga cuando quiera pero que los mantenga FUERA DE LACIUDAD DE MÉXICO.
Olivia volvió a ponerse contenta ahora si las cosas se suponía iban en serio a partir del día siguiente empezaría a correr la voz por los principales programas de televisión, las radiodifusoras y los periódicos en fin, que todo México se enterara de que al fin venían The Beatles.
—No sabes cuánto me alegra que no hayas cambiado de opinión tío.
—Ya ves, me convencieron, pero en fin pero ya sabes nada de tener a esos cuatro aquí.
—¿Pero a donde me los llevo?
—Que tus padres no te dejaron una hacienda en Puebla?
Olivia se mordió el labio inferior, se suponía que toda esa gente eran personas de ciudad, acostumbradas al ruido, a los lujos y no a la ordinaria vida campesina que se llevaba en Puebla.
—No creo que funcione eso.
—Pues a ver cómo te las apañas mija, ya te dije en el D.F. no los quiero,
— ¡Pero tío!
— ¡Última palabra Olivia!
Ahora Olivia tenía un nuevo problema; Acomodar a esas personas, a saber cómo le iba a hacer, pero pues tendría que recurrir solamente al plan A que le dio su tío.
®®®®
Dhoroty
Paul llegó a lo que era la casa de soltera de Dorothy, se encontraba en una de las colonias más tranquilas de Liverpool, esperó a que ella saliese del taxi y luego se apeó el del auto no sin antes aclararse la garganta y rogar por que su suerte fuese un poco amena y no lo mandase al diablo, apenas le abriera la puerta.
Se acercó temeroso de que alguien le reconociera y truncara sus planes por fortuna nada de eso ocurrió por lo que pudo llegar sano y salvo al portal de Dorothy. Se frotó las manos indeciso llegando a la opinión de que debía hablar si es que quería recuperar lo que perdió así pues llevó su mano derecha al timbre de la puerta de primer momento; no obtuvo buenos resultados, pero al segundo timbre ella acudió al llamado quedándose de estática apenas le vio parado en su umbral sin saber que decir.
—Hola—Fue lo que Paul pudo articular por el momento, mientras veía a Dorothy completamente diferente, ya no era rubia, sino pelirroja—Tanto tiempo sin vernos ¿No?
Dorothy salió pronto del estado de shock en el que se quedó al verlo parado en la puerta de su casa, ¡Era increíble lo que estaba sucediendo! Tanto trabajo que le costó olvidarse de él, como para que pasados unos dos o tres años volviese a ponérsele en frente como si nada; Mas a pesar de su incredulidad Dorothy no pudo ser grosera, por más que hubiese querido escupirle la cara y aventarle con la puerta muy bien sabía que no podía hacer nada de eso, pues por más que los años pasasen Paul siempre estaba presente.
—¿A que viniste Paul? —Espetó Dorothy aparentemente tranquila.
Paul se quedó callado una vez más, al menos lo primero que pensó no sucedía por lo que podía considerar aquello como una ganancia enorme.
—Hablar contigo por supuesto.
—¿Conmigo? —Dorothy frunció el ceño—¿Y de que quieres hablar si es que puedo saber?
Paul se fue alejando poco a poco del pórtico adentrándose ya a lo que era parte del living de la pequeña casa, Mientras tanto Dorothy daba pequeños pasos retrocediendo tratando de encontrar con la mirada, algún objeto que le sirviese de ayuda para quitarse de encima a McCartney y sus intenciones.
Una vez que Paul logró acorralar lo suficientemente bien a Dorothy colocó sus brazos sobre la pared; dándole menos libertad de moverse.
—Creo que tu ya sabes la respuesta no Dothy.